UN POLACO LIDERA OTRO SUEÑO DE HACER CUMBRE EN El K2 EN INVIERNO

Con el clima como principal adversario, la misión quiere lograr lo que nunca antes pudo.

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Krzysztof Wielicki es un polaco que quedó en la historia del montañismo por haber sido el primer alpinista que conquistó un ochomil en invierno. ¿Cuál? ¿Cuándo? Fue el Everest, en 1980, de la mano de Leszek Cichy.

Pero, hoy, a sus 67 años, Wielicki pretende continuar haciendo historia. Esta vez, se transformó en el líder y organizador de la expedición que pretende hacer cumbre en el K2, la única montaña de más de 8000 metros que no ha sido conquistada en invierno.

La misión no es para nada sencilla. Sobre todo, porque los alpinistas seleccionados para la empresa deben enfrentar mal tiempo, frío feroz, vientos imposibles, y el deseo de no emplear oxígeno artificial (ni siquiera para escalar las rampas verticales del cuello de botella, a más de 8400 metros).

El equipo estará conformado por Adam Bielecki, Janusz Golab, Artur Malek, Dariusz Zaluski y el kazajo Denis Urubko. Este último es otra estrella del himalayismo, al tener en su haber dos primeras a ochomiles en invierno: el Makalu, en 2009, junto a Simone Moro, y el Gasherbrum II, en 2011, con Cory Richards y Moro.

¿Qué tiene el Himalaya para los polacos? ¿Qué los atrae tanto? Según el propio Wielicki, “al acabar la Segunda Guerra Mundial, Polonia se encontraba bajo el régimen comunista y con las fronteras bloqueadas, lo que privó al país de muchas cosas y a los alpinistas de descubrir otras montañas entre los años ’50 y ’80. Un polaco no podía viajar al extranjero, porque no teníamos pasaportes ni medios. Pero éramos inquietos y curiosos. Por eso a Andrzej Zawada (líder de las tres primeras expediciones invernales) se le ocurrió escalar los ochomiles en invierno”. Y amplía: “Así conquistamos el Everest en 1980, lo que nos dio mucha fuerza mental y confianza en nuestras posibilidades. Entonces pensamos: si hemos escalado el pico más alto, tal vez deberíamos intentar los ochomiles más bajos. Nos sentimos libres en la montaña. Libres y fuertes. Por eso, en una década escalamos 9 de los 14 ochomiles en invierno y nos convertimos en los guerreros del hielo, como nos describían nuestros amigos extranjeros”.